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(SIC) EN EL FESTIVAL BESTIA 22/11/14
por Inti Meza V.

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Ya no temo hablar de lo hosco: me acuerdo de lo que fuimos.
Michel Serres

 

 

 

1.- El cuerpo oscurecido

Hay ciertos géneros musicales naturalmente monstruosos. Son aquellos en los que la combinatoria de sonidos y tradiciones terminan por transformar al usuario, llámesele músico, chamán o performer, da igual. Los vemos desenvolver otro cuerpo peligroso en el escenario hasta que se vuelven irreconocibles en sus gestos y gritos, en sus aullidos y resoplos. Lo que las audiencias esperan es el terrible espectáculo de la transfiguración in situ... y eso es lo que esperábamos escuchar ese día.

La transfiguración antaño asunto de las religiones reaparece hoy imperturbable dentro del mundo del espectáculo. Las presentaciones claramente seccionadas en tiempos de media hora aproximadamente permiten que las emociones no se pierdan en preguntas acerca del espacio asignado a las dudas de los asistentes. Se espera la espera de la siguiente banda y así.

Nada mas comienza [Sic] a tocar y surge un muy desagradable olor a mierda de entre los asistentes, estoy seguro que alguien se está cagando. El olor es molesto, más que eso, es desagradable y me impide por un momento poner atención a lo que esta sucediendo en el escenario. Sin embargo, lo que sucede me arrastra y es más fuerte que ese pinche olor mierdoso.

¿Se dan cuenta? Un cuerpo responde a la potencia sónica del llamado de la banda, y su respuesta es hedionda pero respuesta al fin y al cabo. ¿Nunca antes habían escuchado decir que no hay réplica más sincera ante la música que la que nos impone el vientre, el bajo vientre? Nunca fue tan verdadera esa idea como en ésta ocasión.

En otras ocasiones suelen comenzar con un pastiche de voces religiosas, a veces gritándose, a veces conversando a la manera de los monjes budistas. Esta ocasión es un concierto de rock y eso es lo que hacen: comenzar de una vez con todo.

Turborbetomagus, es una rola grind cuyo furor nos arrastra inevitablemente en ese subidón a cargo del silbido infernal producido desde una boquilla de saxo y nada más. El resultado es poderoso y no exento de humor negro, lo que domina el ambiente es el espanto complacido de la audiencia...

[Sic] ronda de manera consciente los antiguos juegos de lo oculto, aquello que hay de monstruoso en la caída y la rebelión. Siendo el metal el último lugar cuya oquedad recibe al diablo, resulta natural en este género la pretendida ritualidad del grito que surge de un cuerpo tensado. ¿Por qué el cuerpo otra vez? Cuando asistes a un concierto de [sic] esto es lo que sucede: sus cuerpos se agotan frente a nosotros. Son agotados. Desgastados. Trancificados. Disueltos. Exhaustos. Agotados otra vez. [Sic] muestra las posibilidades estéticas de la extenuación, del cansancio, del agotamiento como una figura heroica del cuerpo explotado, sí, pero también liberado. Después de todo, lo que oímos es rocanrol violentado hasta sus últimas consecuencias.

 

 

2.- El cuerpo de la voz/la voz en el cuerpo

¿Qué hacen Rodrigo y Julián gesticulando frente al micrófono? ¿Con quién se comunican? ¿A quiénes de nosotros nos hablan? La voz engatuza, animaliza, enrarece el ambiente desde la inmaterialidad. Pero sobre todo gritan. Mientras que en el mundo imaginario del cine el cuerpo es reconducido por la mirada, en un concierto de noise en cambio, todo el cuerpo es convocado al banquete de los oídos. La escucha es la delgada piel que nos recubre y nos separa finalmente del evento sónico, permaneciendo aturdidos y atentos al golpeteo constante del ruido. La vibración que se agolpa en nuestro cuerpo permite la escucha desde nuestro vientre resonante, la mano crispada que responde al drone de una voz oscura y sostenida apenas por la brevedad otorgada en la batalla entre el cansancio y el esfuerzo redoblado. La cabeza agachada, es vencida ante la imposibilidad de pensar correctamente el momento de la escucha. Lo que percibimos es una cierta maniobra conversatoria de sus cuerpos, con [Sic] - parafraseando a M. Serres nos obligamos a ver como es cantar con el cuerpo, obviedad que sorprende por estar físicamente ubicada en ningún lugar aparente.

 

3.- El cuerpo tribal

Es un cuerpo emisor, el baterista habla con la contundencia de los brazos. Una y otra vez golpea, repetidamente golpea. Un buen baterista es ante todo potencia, después podemos hablar de las premisas de la precisión, dado que no pretende hacer jazz es el primer golpe el que abre ese enorme oído vibratorio que es nuestro cuerpo. El primer golpe, tiene que ser un golpe contundente, un golpe que condicione al segundo y al tercero, que condicione nuestra espera ansiosa por todos los que sean necesarios.

Pareciera que todo lo anterior escrito, es un mero recuento de una larga sesión de noise, pero no es así. Trato de dar cuenta de los primeros tres minutos, se que voy atrasado, nunca los alcanzaré. La escritura es lenta. El sonido sale disparado.

Un cuerpo repitiéndose hasta su consunción, el ruido es desplegado no sin cierta modestia, emitiendo bajo un único mensaje: me estoy muriendo lentamente o tal vez, estoy encabronado, soy feliz de verte otra vez y otra vez.

Mientras tanto Julián pelea con los volúmenes de sus micrófonos. La potencia del cuerpo es contenida una y otra vez por la potencia desigual del P.A. ¿pero esto es lo que se escucha en la sala? No lo se. Desde donde me encuentro apenas si logro comprender lo desigual de la batalla. Un chillido azaroso retumba en la batería, sobresale el uso de una baqueta microfoneada cuyo sonido filtrado es saturado por una extraña mezcla de scratch proveniente del hip hop y una guitarra bajo un pedal de overdrive... el sonido sorprende por inesperado.

La batería de Julián resulta tan digna de escucharse como de observarse. Hace tiempo que decidió recortar los tambores y el bombo hasta hacerlos perfectamente transportables en una mochila. De esta manera carga su instrumento con todo y accesorios electrónicos. El resultado es bastante ad hoc a sus intenciones estéticas, los sonidos percutidos retumban de manera seca, opaca y casi sin distinción de brillo o profundidad. Toda la batería es una gran sonaja opaca perfecta para los ritmos monótonos por repetitivos. De ahí que los pedales y demás efectos electrónicos que acompañan a la voz doten de variedad complementaria a las percusiones de Julián.

 


Videocobertura por Concepción Huerta / Audition Records. Estación Indianilla. Festival Bestia 2014

 

4.- El cuerpo iluminado

Hacia la segunda mitad de su set, el esfuerzo sostenido a lo largo de los primeros veinte minutos comienza a cobrar forma en sus rostros tensos y sudorosos. No resulta tan claro que el divertimento de la audiencia sea compartido de la misma manera por [Sic]: Su cansancio nos lleva a la degustación de lo imposible realizado. El cuerpo consumido, forma parte de un hálito que se disemina brevemente en el ambiente anegado, formándose entre nosotros una especie de satisfacción ligera, un cierto aire emancipado. ¿Siente uno lo ligero del cuerpo después de un gran esfuerzo realizado? ¿Qué queda de nosotros en un cuerpo agotado, extenuado? Queda muy poco pero es suficiente para andar de nuevo a pies ligeros, casi flotando.

Mal hacemos en pensar que [Sic] sólo hacen ruido. Ya están muy viejos para hacer sólo ruido, hay que poner atención a los momentos en que el silencio es descompuesto entre pieza y pieza y les sirve para volver una y otra vez a esos pequeños ruidos expulsados de todas partes: de la academia por ser predecibles y pocos sofisticados y del ámbito del rock por ser probadamente pretenciosos, la audiencia los escucha con perplejidad y azoro. No es precisamente rock... ni electroacústica pero cumplen la función de romper con el hilo conductor que comprende a uno y otro género.

 

5.- El cuerpo liberado

Al finalizar el set nos quedamos esperando la feliz conclusión de algo que nunca sucedió. El resultado es ambiguo, del cuerpo liberado se sabe muy poco, no hay conciencia de ello. La conciencia se adormece. Sin embargo, hay algo que sí se puede decir de este concierto de [Sic]: aquello que todo cuerpo puede hacer, el mismo cuerpo bajo ciertas circunstancias puede hacer más.

[ Cada vez que mi brazo no alcanza tu rostro debo estirarme para poder tocarlo. Lo hago. Puedo hacerlo. Sólo la ausencia volvería inútil el esfuerzo por estirarme. Pero, ¿esto es verdad? ]

La poética musical desplegada por [Sic] a lo largo de 27 minutos juega precisamente con la satisfacción de nuestras expectativas puestas en el desenlace de un cuerpo derrotado. Despliegan sónicamente aquello que nos posibilita excedernos un poco más dentro de nuestro límite de humanidad, aquello que no podemos hacer y sin embargo lo hacemos cada vez que queremos. A Serres le sorprendería esa deriva salvaje alrededor de su cuerpo estirado, la música de [Sic] es un poco eso, hace surgir un deseo adormecido, queremos ver ese rasgo de humanidad en todos nosotros, ser jaloneados de las orejas una vez más... sólo para saber que podemos resistirlo.

 

Inti Meza V.
Diciembre del 2014

 

Publicado el Jueves 18 de Diciembre de 2014
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